¿Te han roto el corazón? No te preocupes (tiene sus ventajas)

¿Quién no ha sufrido algún desengaño amoroso? A lo largo de tu vida es más que probable que en algún que otro momento te hayas visto en esta situación.

Como seres humanos que somos, tendemos a evitar cualquier tipo de situación dolorosa, pero en algo han estado de acuerdo filósofos y pensadores a lo largo de toda la historia: de las situaciones difíciles podemos aprender grandes cosas.

Ya lo decía John Keats:

¿No ves cuán necesario es un mundo de dolores y problemas para educar nuestra Inteligencia y convertirla en Alma?

 

Lo primero que tenemos que asumir es que la tristeza es una emoción básica, que está tan íntimamente ligada al ser humano como pueda ser la alegría o el miedo. No hay nada malo en estar tristes, y en ciertas situaciones lo verdaderamente patológico es no dejar que estos sentimientos te “posean”. Vivimos en un mundo que se ha obsesionado con buscar la felicidad ¿Eres feliz? ¿Por qué no? y hacemos todo lo posible por refrenar cualquier signo de tristeza cuando esta aparece.

Al igual que el resto de emociones básicas, la tristeza tiene un carácter adaptativo. Del mismo modo que el miedo prepara nuestro cuerpo para huir de una situación peligrosa, la tristeza tiene sus funciones. Cuando sufrimos un desengaño amoroso, aunque en el momento no seamos capaces de verlo, la tristeza nos ayuda del siguiente modo:

La tristeza como vínculo con los demás

Aquí la palabra clave es “empatía“. ¿Verdad que cuando ves a un amigo, a un pariente o un ser querido, que está pasando por una mala situación en seguida te das cuenta?

Establecer estos vínculos de empatía nos acerca más a nuestros seres queridos y a la gente que nos rodea, que se acercará a nosotros con intención de ayudarnos. Entra en juego aquí el dicho aquel que afirma que es en las situaciones difíciles, cuando aprendes quién es tu verdadero amigo.

Estarás triste, eso es verdad, pero no te costará nada de nada convencer a tus amigos para que salgan a tomar unas cañitas…

Una excusa para asaltar la sección de dulces

Hay una idea generalizada sobre estados de ánimo deprimidos que afirma que cuando estamos tristes entramos en una situación de ahorro energético. Tenemos menos ganas de hacer cosas, nos notamos más “pesados” y las actividades físicas apetecen menos.

Y sin embargo (aunque cada persona es un mundo), probablemente habrás notado que cuando estás más tristón, las ganas de asaltar la nevera aumentan. ¿Por qué?

MielTu cerebro es el responsable de consumir más del 20% de la energía que necesitas en tu día a día para moverte por el mundo. Es uno de los órganos que mayor consumo energético, y cuando estamos tristes este hecho se ve multiplicado.

Hablamos de situaciones en los que nuestro cerebro no para de pensar, de buscar causas,  encontrar soluciones… es decir, se hipercativa, aumentando con ello su consumo calórico. Y es por esto que el chocolate se convertirá en tu centro de deseo. No te preocupes, está justificado, y tus neuronas te ayudarán a quemarlo.

Autocompasión

Vivimos en un entorno que nos presiona para ser altamente eficientes. Tenemos que ser buenos en nuestro trabajo, en nuestras relaciones con los demás. Tenemos que hacer ejercicio de manera habitual, arreglarnos todos los días para ir al trabajo tal y como se espera de nosotros. Sonreír, ser amables y un sin fin de cosas más.

Todas esto genera una presión, porque ninguno somos superhéroes, y en más de una ocasión nos ha apetecido mandar a paseo a la cotilla de la vecina de arriba.

Cuando estamos tristes entramos muchas veces en un estado de autocompasión que nos facilita ser muchísimo más autoindulgentes con nosotros mismos, proporcionándonos un tiempo muerto sobre las percepciones que tenemos de lo que se espera de nosotros.

¡A tomar por saco los buenos modales, la dieta y las sonrisas falsas! Podremos ser un poquito más libre al dejar salir nuestro lado House.

Dr House

Los placeres de una buena llorera

Si tuviera que elegir una sensación agradable, me debatiría entre la sensación en los pies caminando sobre hierva mojada,  y el increíble estado de relajación que se alcanza después de una buena llorera.

Cuando estamos tristes todos los pensamientos y emociones que sentimos se acumulan en nuestro interior y genera una presión, una presión que tiene que ser liberada. Uno de los mecanismos que se desencadenan para liberarla es llorar.

Llorar

No necesitamos excusas, ni nos sentimos avergonzados por ello. No podrás negarme lo bien que se duerme después…

 

 

El dolor, tu mejor maestro

Como decía al principio, las situaciones dolorosas de la vida son las que te enseñan las lecciones más importantes. Nos hacen más sabios, y nos preparan para afrontar nuevas situaciones en al futuro.

Hay una escena que me encanta, en Pequeña Miss Sunshine, en la que Dwayne (el hermano mayor) y Frank (su tío) mantienen la siguiente conversación:

– DWAYNE

A veces me gustaría dormir hasta que tenga dieciocho. Y evitar toda esta basura, el instituto y todo eso.

– FRANK

¿Conoces a Marcel Proust?

– DWAYNE

¿Es lo que tú enseñas?

– FRANK

Sí, es un escritor francés. Un auténtico perdedor, nunca tuvo un trabajo real. Un montón de aventuras amorosas, gay.Pasó veinte años escribiendo un libro que casi nadie ha leído,  pero, tal vez, es el mejor escritor desde Shakespeare. Cuando llegó al final de su vida,  miró hacia atrás y se dio cuenta de que todos los años en los que sufrió, fueron los mejores años de su vida porque le convirtieron en la persona que era.

¿Esos años en los que fue feliz?  ¡Qué va, qué desperdicio! No Pequeña Miss Sunshineaprendió nada. Así que si duermes hasta los dieciocho, piensa en todo el sufrimiento que vas a perderte, es decir… ¿el instituto? El instituto son tus primeros años de sufrimiento… no tendrás mejor sufrimiento que ese.

Así que ya sabes. Sí, te han roto el corazón. Duele y estás hecho polvo, pero piensa que todo pasa, y que de esta situación saldrás mas fuerte.

Como canta James Blunt:

Don’t be afraid, ‘cause you’re only getting stronger from the pain.

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