Cuando tu peor enemigo eres tú mismo.

Imagina la siguiente situación: escuchas a dos mujeres hablando en una cafetería. Una de ellas le está diciendo a la otra: “estás gorda” “ojalá pudieras saber lo que es ser normal por una vez” “tus dientes te hacen parecer un roedor” etc. ¿Qué pensarías? Probablemente tendrías pensamientos muy negativos sobre la mujer que está hablando.  Pero ¿Acaso tú no te has dicho nunca a ti misma “estoy demasiado gorda” “estoy demasiado plana”, “odio mi pelo”? ¿Por qué te molestaría tanto, que fuera otra la persona agredida? Eso es lo que Dove ha querido reflejar en su última campaña, y lo expresa maravillosamente con su eslogan:

Si no es aceptable decírselo a alguien ¿Por qué nos lo decimos a nosotros mismos?

A lo largo de nuestro desarrollo y desde el momento en que nacemos, comenzamos a construir dos conceptos que condicionarán nuestra vida: el autoconcepto y la autoestima. Aunque puedan parecer la misma cosa, no es así.

Autoconcepto

El autoconcepto es el conjunto de creencias que tienes sobre cómo eres, y cómo crees que eres. Si te dieran un papel y tuvieras que describirte pondrías cosas como: alto, moreno, inteligente, perezoso, creativo, soñador, etc. Todas estas creencias las vamos construyendo desde que nacemos, y estarán condicionadas por una gran cantidad de factores: los logros alcanzados, los fracasos, la imagen de ti mismo que te devuelvan los demás, el contexto familiar y los valores que te inculquen, etc.

La Autoestima

La autoestima se relaciona con el juicio de valor que hacemos de nosotros mismos. Es la aceptación positiva de la propia identidad y de nuestra valía. Nathaniel Branden fue un psicoterapeuta que dedicó gran parte de su vida a estudiar el concepto de autoestima e hizo una definición muy bonita de la misma:

“La autoestima es la disposición de vernos a nosotros mismos como personas capaces de superar los retos de la vida, de ser merecedores de la felicidad.”

“Ser merecedores de la felicidad”. Son muchos los pensadores que a lo largo de la historia han afirmado que la búsqueda de la felicidad es lo que mueve a todos los seres humanos sin excepción. ¿Cómo se puede intentar alcanzar algo de lo que no nos creemos merecedores?

Consecuencias de una baja autoestima

Infravalorarnos, no ver las increíbles capacidades que tenemos y que podemos desarrollar, tiene terribles consecuencias:

– Las personas con baja autoestima tienen mayor propensión a desarrollar adicciones. Algunos estudios, parecen indicar que las personas que desarrollan ciertas conductas adictivas relacionadas con las Redes Sociales como Facebook,  tienen una autoestima menor que las personas que no desarrollan este tipo de adicciones.

– A nivel emocional, las personas que no desarrollan un buen autoconcepto, tienen mayores posibilidades de terminar estableciendo relaciones “tóxicas” en sus relaciones amorosas.

– Somos más proclives a desarrollar ciertos trastornos, como por ejemplo la depresión.

– Dejaremos pasar grandes oportunidades de aprendizaje. El creer que no valemos nada, que no seremos capaces de llevar a buen término una tarea, hace que nos volvamos miedosos. Que no nos atrevamos a dar este primer pequeño paso que precede a todas las grandes acciones. Pregúntate ¿Qué me estaré perdiendo? 

Y ahora ¿Qué hacemos?

Salud mentalTrabajar en nuestra propia autoestima debería ser un ejercicio de obligado cumplimiento día a día. Al igual que vamos al gimnasio para que nuestro corazón esté fuerte, deberíamos concienciarnos de que nuestra salud mental, higiene mental  lo llaman algunos, es casi o incluso más importante.

Esto no es, ni pretende ser, un manual de autoayuda. No enumeraré aquí los “10 pasos para conseguir mejorar tu autoestima” pero si me gustaría compartir aquellas pautas, patrones de acción que me han ayudado los últimos meses a ser más consciente de mis capacidades.

  • Busca un reto. Busca un reto a largo plazo que parezca imposible. Algo que siempre hayas querido hacer, pero te haya dado miedo por la dificultad que entraña.

Por mi experiencia personal, te diré que lo ideal es buscar alguna actividad que puedas descomponer en tareas más pequeñas, e ir alcanzando pequeños logros día a día. Como dijo Héctor Tassinari: “Dios no te hubiera dado la capacidad de soñar sin darte también la posibilidad de convertir tus sueños en realidad”.

En mi caso, yo que soy un poco bestia confesaré que empecé con el piano. Y aquí servidora, que no había tocado un instrumento en su vida, y que se declara bastante torpe,  se las vio y se las deseó con las notas, las manos cruzadas, las melodías… Eso sí, la satisfacción de tocar una cancioncilla a los pocos meses no tiene comparación. Aprendí de lleno y en mis propias carnes qué es sentirse orgulloso de alguien. ¡Qué mejor que sentirse orgullosa de ti misma!

Y entre las lecciones más destacables que he aprendido, una de ellas está relacionada con lo que Bandura llamó “autoeficacia“. La autoeficacia es una valoración que hacemos las personas sobre si seremos capaces de llevar a cabo una tarea con éxito. Por supuesto, cuanto menos es nuestra autoestima, menos será nuestra percepción de autoeficacia.

Yo os aseguro que cuando me planteo realizar una nueva actividad, pienso: “he aprendido a tocar el piano, esto debe estar chupado“, y el primer escalón del camino deja de asustar.

  • Aparta la violencia de tu vida. ¿Quién no ha vivido esta situación? Nos ponemos a ver fotos de antiguos compañeros del cole, y de repente todas estamos poniendo verde a esta o a aquella (generalmente a aquella). Frases como:  mira cómo ha engordado, con lo guapa que era, vienen a nuestros labios de manera automática.

Si de manera habitual generas este tipo de pensamientos violentos contra otras personas, créeme, tu cerebro se acostumbrará, y terminará por considerar normal este tipo de atribuciones. Si te acostumbras a juzgar a los demás de esta forma, tu cerebro aprenderá que es la manera en la que debe juzgar, y ten muy claro que lo hará contigo.

Así que la próxima vez que vayas a hablar así de alguien párate un segundo y piensa que todas esas cosas en realidad, podrías estar diciéndotelas a ti misma.

  •  Gústate. Así de simple. Todos los días del año. Negar que el físico es importante sería una tontería. Vivimos en una cultura que idolatra al cuerpo, así que nos guste o no, al final tenemos que intentar sacar partido de esta situación.

Decía Sofía Loren:  “Nada hace más bella a una mujer que la creencia de que lo es”

 

sophia Loren

Y con el paso del tiempo no puedo estar más de acuerdo. Así que mi consejo es que trates de alimentar esta parte de ti mismo. Todos tenemos partes de nuestro cuerpo que nos gustan y partes que no. Cuando te estés vistiendo por la mañana en el espejo, evita fijarte en aquellas partes que no te gustan , y por el contrario centra tu atención en las que sí. Centra tu atención en ellas y piropéate.

Puede parecer una tontería, pero mi experiencia personal me ha demostrado que si hago  de este ejercicio una rutina,  los defectos cada vez parecen más y más pequeños. Si por las mañanas cambio el “mier**, otro gnano más” por un “hay que ver que par de …” te aseguro que al poco tiempo he dejado de fijarme en esos pequeños granos que antes centraban toda mi atención.

  • Medita. El último consejo, pero no el menos importante. ¿Qué me ha enseñado la meditación? Algo que a simple vista parece una tontería: que yo no soy mis pensamientos. Aprender a observar tus pensamientos y verlos con perspectiva es algo que cambia la manera en la que observas el mundo.

Tú no eres tus pensamientos. Cuando por tu mente pasan ideas como: “no puedo hacerlo“, “soy un desastre“, no son más que eso: ideas. Valen lo mismo que pensar “dos y dos son cinco” o “la lluvia cae hacia arriba“, es decir: nada.

Y para poner fin al post, qué mejor que la maravillosa frase de Gautama Buddha:

Tú mismo, al igual que cualquier otra persona en el universo, te mereces tu propio amor y afecto

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